Como piedras que se tiran desde lo alto de una montaña. Así son mis escritos. Parece que alcanzarán algún blanco y sin embargo, aunque parecen tocar el infinito, su trayectoria llega a su fin unos pocos metros más allá de lo que abarca mi vista. Por eso los dejo caer aquí, en este perdido blog. Seguidores: 0. Mis palabras rebotan con el eco del solar internáutico que es esta nueva creación absurda.
Ayer fue tu cumpleaños. Tu cumpleaños. El cumpleaños, ¿de quién?. Esa es la pregunta central, la clave. De alguien que nunca fue nada y sin embargo lo fue todo. Ayer fue tu cumpleaños.
Y yo lo recordé casi a cada instante del día. Por la mañana, por la tarde, por la noche. Justo antes de que acabara. Debatiéndome entre felicitarte y aparentar normalidad o dejarlo pasar, como dejo todo pasar en esta vida, sin pena ni gloria. Obviamente, dejé con la laxitud que aparenta indolencia que pasaran las doce. Y una vez pasadas, Cenicienta no tiene ningún derecho a reclamar ser princesa. Ni yo a desearte lo que de verdad espero, que seas feliz.
Mi cobardía reinante de nuevo afloró.
Pero soñé contigo. Un sueño corrector de errores, un sueño ilusorio. Un sueño en el que, sin parar, intercambiábamos palabras, sueños. Soñábamos dentro de mi propio sueño, en el que construía tu discurso en mi imaginación de la fase R.E.M. Tus palabras, tus gestos, tus risas. Todo ficción, todo vapor.
Ayer fue tu cumpleaños y sin embargo hoy sigue siendo tu cumpleaños para mí. Todos los días renaces en mi mente.
En esa montaña, a kilómetros de tu casa, desde la que intento tirar piedras que lleguen a tu tejado.
Yo viví algo así, pero no podría haberlo descrito tan perfecto jaja ;)
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