lunes, 28 de mayo de 2012

Parafraseando

"Pero detrás de toda acción había una protesta, porque toda hacer significaba salir de para llegar a , o mover algo para que estuviera aquí y no allí, o entrar en esa casa en vez de no entrar o entrar en la de al lado, es decir que en todo acto había la admisión de una carencia, de algo no hecho todavía y que era posible hacer, la protesta tácita frente a la continua evidencia de la falta, de la merma, de la parvedad del presente. "

Cortázar y Rayuela. Rayuela y Cortázar. 
No creo que nunca lo diga mejor. 
Y sin embargo aquí estoy, comentando maravillas sin sacar ninguna conclusión que merezca la pena. Esperando que realmente "hacer" llegue a ser salir de para llegar a. 
En cualquier caso, sí. Mis acciones son, y han sido casi siempre, la admisión de una carencia. 
La protesta...la acción. Carentes pero omnipresentes.
Y de nuevo es tarde y mañana madrugo.
Y puede que algún día un blogger serbocroata lea esto sin enterarse de mis desdichas absurdas.
Mientras tanto sigo alimentando este prado en medio del desierto.
Hope something starts blossoming. 

domingo, 27 de mayo de 2012

Miedo. Que es lo que me trae aquí.


No creas que esto es algo nuevo.
Siempre tuve miedo.
Miedo, ¿a qué?- dirás-. Si nunca te atreviste a vivir.


Miedo a las malas notas. Miedo a las malas lenguas. Miedo a vivir con demasiada intensidad y que tu piel se cobre factura. Miedo a gritar alto por si acaso alguien te manda callar. Miedo a la mirada reprobadora de un profesor. Miedo a contradecir el camino que otro, y no tú, pensó un día para ti. El camino que “otro” pensó, sin tardar más de cinco minutos. Tu camino, esas piedras que te han colocado para ir a un lugar que no necesariamente te interesa.


Miedo a que las cosas vayan mal.


Y ese fue y es el problema. Que el miedo a que las cosas vayan mal, vayan peor, elimina cualquier remota posibilidad de que vayan mejor.

Miedo a que lean mis historias. A que lean la punta de mis dedos, los resquicios de mi cerebro. A que lean entre los lunares de mi espalda y entre mis mechones de pelo.  Miedo a la fragilidad, miedo al miedo. Y miedo absurdo, en todos los casos.
Miedo a una palabra más fuerte que otra, miedo a contradecir.
Que se convierte en una manera de truncar, muy poco, de manera casi imperceptible, pero truncar, en definitiva, tus sueños.
Siempre soñaste París. Soñaste vivir, soñaste la vida. Soñaste pasear por avenidas imaginadas, vivir un mayo del 68 particular, el más romántico de los romances, la vida bohemia. Soñaste todos los tópicos del mundo.

Y, en qué acaban los sueños. En Francia, no en París. En una ciudad de provincias, sin romance, sin bohemia, con avenidas que previsoramente has estudiado para no perderte. Donde vivirás una vida como la que vives, donde dejarás las nebulosas y las fantasías para un documento de Word como este.
Sin atreverte a vivir más allá de la barrera.

Protegiéndome, ¿de qué?
Son las 00:45. Mañana madrugo. Y no se me ocurre una mejor idea que hacerme un blog.
En realidad no lo pretendía. 

Y es que las palabras me han atacado y he intentado escribir en un blog que empecé hace mucho y que tuvo una corta vida de unas tristes 4 entradas.
Pero resulta que olvidé, como tantas cosas, la contraseña.

¿Señal divina? 
Es muy improbable, pero bueno...keep on dreaming, sweetie. 
El caso es que aquí estoy, escribiendo algo que probablemente no lea nunca nadie, y por el camino me entretengo. Me siento un poco abuela porque no sé muy bien cómo funciona esto y además dice que son las 15:48, hora de verano del Pacífico. Adiós, credibilidad. Mais enfin..
Blog mío, te deseo una vida más larga y activa que el anterior. Ahora bien...no prometo nada.