Era domingo, aquella tarde.
No, en realidad no era domingo, pero lo parecía. Sería más fácil decir que era domingo y llovía, pero hacía sol, un sol que brillaba sin timideces, sin reparos, asomaba entre las nubes, echándolas a los lados como quien reclama su propia importancia en una reunión tumultuosa.
Y, además, era miércoles. Miércoles anodino e insulso. Un día de mitad de la semana, de mitad del año, un día cualquiera.
Los miércoles son malos días para escribir historias. Los miércoles uno está cansado, ha dormido poco y el fin de semana pasado es ya un lejano recuerdo y el tramo hasta el que viene se antoja eterno.
No, definitivamente aquel no era ("objetivamente") un buen día para escribir una novela, y sin embargo sentía que su vida era en ese momento de lo más dramático. Ingenua, ella.
Aquel miércoles ella escondió sus lágrimas entre gente a la que poco le importaban, y su fundamental dedicación vespertina fue deshacer celulosa tiñéndola del negro de un rímel del que ya no quedaban ni los restos.
Aquel miércoles enfrascó su mirada en un libro que no conseguía atrapar su atención, leía una masa informe de palabras que no cobraban sentido hasta pasado un buen rato, cuando el interés ya se había disipado junto con las últimas lágrimas.
Aquel miércoles se aferró a la desgastada manilla de plástico del asiento, se agarró como se estaba agarrando a la vida, con ahínco, pero con desesperación. Con fuerza por vivir pero con desesperanza.
Esa tarde se dió cuenta de la necesidad de seguir en pie, de seguir viviendo. Al fin y al cabo, para eso estábamos pensados, ¿no?. Reparó en nuestro inevitable destino de tratar de vivir a base de malvivir, pero no le pareció algo negativo sino algo circunstancial. Así había de ser. Tenía que andar, levantarse. Keep on.
¿Para qué tanto drama? ¿Para qué tanta pregunta?
La vida no estaba hecha para hacer preguntas sobre lo que había provocado lágrimas. La vida era utilitaria, la vida, -para ella- no era vida si no rebullías entre las multitudes.
Por supuesto, nadie, ni un alma,-reflexionaba-, se había parado a pensar en el provenir de su aparente absurda desdicha.
Y es que, ¿a quién le importaba? Era miércoles
¿Qué puede suceder un miércoles?
Palabras encadenadas
O cómo huir del miedo y pasarlo bien por el camino.
jueves, 14 de marzo de 2013
sábado, 28 de julio de 2012
Rendez-vous
Encuentros y desencuentros. Mesas redondas, mesas cuadradas, sofás, bancos del parque, barras de bar. Escenarios de momentos comunes e intrascendentes pero sin embargo cruciales en mi memoria.
Creo que fue durante esos encuentros cuando comencé a erigirme en esto que -creo- soy ahora. A través de ti, me convertí en fetichista de las palabras. No de todas las palabras, ni de las de todas las personas. Pero sí de las tuyas. Desde la menor conjunción "y" hasta una de esas reflexiones profundas que dejabas caer como quien habla del color del cielo en una tarde de otoño.
Fetichista de las palabras. Atesoraba tus frases, de principio a fin, gesto por gesto. Cómo dijiste aquella frase, dónde miraban esos ojos, qué cadencia tenía tu voz. Me quedaba con cada una de ellas, como si a la vuelta de nuestro encuentro tuviera que hacer un examen y escribir todo en un papel. Y así es, así fue y así sigue siendo, muy de tarde en tarde. Disecaba tus palabras hasta hacerlas mías, hasta que me empaparan tanto que llegaran a construirme, hasta que un día, sin querer, sin pensar, me encontrase repitiéndote, haciendo míos esos esquemas de vida que tanto me sorprendieron.
Palabras. Como todo en esta vida mía, muchas palabras y pocos hechos. Y así sigo, recolectando palabras de otros, historias, hálitos de vidas ajenas que me empujan a seguir este raro camino que me va apareciendo a cada paso.
En cada uno de esos encuentros, siendo fieles al francés "rendez-vous", yo me rendía ante tu despliegue de vida, me rendía a todo lo que tenía delante y te confiaba mis torpes palabras frente a una cerveza, casi siempre, en un bar, muchas veces, siempre cutre, ruidoso, y sin embargo vacío de todo cuando tú hablabas.
Palabrería todo. Como este blog. Absurdo, incoherente.
Si nos comunicásemos mejor, ¿verdad, Carmen?
Creo que fue durante esos encuentros cuando comencé a erigirme en esto que -creo- soy ahora. A través de ti, me convertí en fetichista de las palabras. No de todas las palabras, ni de las de todas las personas. Pero sí de las tuyas. Desde la menor conjunción "y" hasta una de esas reflexiones profundas que dejabas caer como quien habla del color del cielo en una tarde de otoño.
Fetichista de las palabras. Atesoraba tus frases, de principio a fin, gesto por gesto. Cómo dijiste aquella frase, dónde miraban esos ojos, qué cadencia tenía tu voz. Me quedaba con cada una de ellas, como si a la vuelta de nuestro encuentro tuviera que hacer un examen y escribir todo en un papel. Y así es, así fue y así sigue siendo, muy de tarde en tarde. Disecaba tus palabras hasta hacerlas mías, hasta que me empaparan tanto que llegaran a construirme, hasta que un día, sin querer, sin pensar, me encontrase repitiéndote, haciendo míos esos esquemas de vida que tanto me sorprendieron.
Palabras. Como todo en esta vida mía, muchas palabras y pocos hechos. Y así sigo, recolectando palabras de otros, historias, hálitos de vidas ajenas que me empujan a seguir este raro camino que me va apareciendo a cada paso.
En cada uno de esos encuentros, siendo fieles al francés "rendez-vous", yo me rendía ante tu despliegue de vida, me rendía a todo lo que tenía delante y te confiaba mis torpes palabras frente a una cerveza, casi siempre, en un bar, muchas veces, siempre cutre, ruidoso, y sin embargo vacío de todo cuando tú hablabas.
Palabrería todo. Como este blog. Absurdo, incoherente.
Si nos comunicásemos mejor, ¿verdad, Carmen?
martes, 19 de junio de 2012
Palabras más
Aquí te espero, en esta parada del autobús.
Tocas un cuerpo, sientes su repetido temblor
bajo tus dedos, el cálido transcurrir de la sangre.
Recorres la estremecida tibieza,
sus corporales sombras, su desvelado resplandor.
No hay palabras. Tocas un cuerpo; un mundo
llena ahora tus manos, empuja su destino.
A través de tu pecho el tiempo pasa,
golpea como un látigo junto a tus labios.
Las horas, un instante se detienen
y arrancas tu pequeña porción de eternidad.
Fueron antes los nombres y las fechas,
la historia clara, lúcida, de dos rostros distantes.
Después, lo que llamas amor, quizá se torne forzada promesa,
levantado muro pretendiendo encerrar,
aquello que únicamente en libertad puede ganarse.
No importa, ahora no importa.
Tocas un cuerpo, en él te hundes,
palpas la vida, real, común. No estás ya solo.
Espero que vengas con una libreta en la mano y la mente embotada. Viendo pasar a pájaros y pájaros que se arremolinan en el cielo, en ese cielo plomizo y grisáceo de los días calurosos que anuncian el verano que pronto estallará de alegría.
Aquí te espero, libreta en mano, esperando que vengas a susurrarme vida. Personas, paisajes, vidas, momentos. Algo, alguien de quien hablar. "Pero no llamas, pero no llamo", que diría, sabio, don Mario.
Y guardo la libreta y saco un libro de palabras de verdad. Veo la cara de uno de esos de la familia Panero con sus ojos profundos y su mirada de loco. Y leo:
No hay palabras
Tocas un cuerpo, sientes su repetido temblor
bajo tus dedos, el cálido transcurrir de la sangre.
Recorres la estremecida tibieza,
sus corporales sombras, su desvelado resplandor.
No hay palabras. Tocas un cuerpo; un mundo
llena ahora tus manos, empuja su destino.
A través de tu pecho el tiempo pasa,
golpea como un látigo junto a tus labios.
Las horas, un instante se detienen
y arrancas tu pequeña porción de eternidad.
Fueron antes los nombres y las fechas,
la historia clara, lúcida, de dos rostros distantes.
Después, lo que llamas amor, quizá se torne forzada promesa,
levantado muro pretendiendo encerrar,
aquello que únicamente en libertad puede ganarse.
No importa, ahora no importa.
Tocas un cuerpo, en él te hundes,
palpas la vida, real, común. No estás ya solo.
Leo. Callo. Pienso
Cómo hablar de no-palabras con palabras. Analizo las palabras de otro (al fin y al cabo es algo que se me da bien. Vivir es complicado, y a veces resulta más sencillo entender la vida de (y a través de) otros). Que me vienen a decir que lo importante de la vida es aquellos momentos en los que no hay palabras, en los que el estremecimiento de la propia vida abate el sentido léxico o semántico de todo lo que se ponga por delante. ¿Qué es la vida? Demasiado complicado para estas horas. Pero lo que está claro, al menos hoy, al menos ahora, al menos para mí, es que hallamos sólo la libertad cuando las palabras se hacen insignificantes hasta perder su valor.
Y por eso no me importa haberme quedado atontada en esa parada del autobús esperando que vengas y me traigas palabras. Porque cuando lleguen, dejarán de importarme.
domingo, 10 de junio de 2012
El desorden, las habitaciones o Nacho Vegas.
Son las 23:34, aunque este blog tonto se empeñe en contradecirme con horas inverosímiles que no sé cómo cambiar. Son las 23:34 y tengo la ventana abierta y se escuchan los grillos.
Y parece verano. Pero todavía mañana es 11 de junio, me acuerdo de que el 11 de junio era el cumpleaños de un niño de mi clase. No he vuelto a saber de su vida pero, misteriosamente, me acuerdo de su cumpleaños. Pero mañana, aparte de no ser verano, y de ser el cumpleaños de aquel que es niño todavía en mi memoria, tengo un examen. Un examen estupendo que debería estar estudiando en lugar de escribir estas tonterías insípidas.
Y me he puesto a pensar en Nacho Vegas, en Cortázar y en los espacios que habitamos.
En los lugares comunes de las habitaciones de la literatura, o de las canciones de Nacho Vegas que a veces son pura novela. Todo, claro está, de una forma inconexa y absurda, como esta entrada.
En esas habitaciones con cigarrillos mal apagados, libros abiertos y ropa de alguien que se desnudó por primera vez en esa habitación.
Filosofía de los pisos de alquiler. Pienso en Pablo, y en esa habitación de la Rue Lecourbe, XVIème arrondisement. Una habitación en la que él vivió un año y yo soñé tres días. Probablemente, esa habitación, que habrá sido testigo de sus amigos, de sus amores, y de sus estudios ahora estará siendo testigo de otra vida. Claro que en la habitación de Pablo nunca hubo colillas ni ceniceros mal apagados. Algo de desorden, y muy pocos libros. Un piso horrendo que yo recuerdo a la perfección, que él atesorará siempre en su memoria (puede que yo, si vivo mucho, mucho, mucho, lo olvide, él, creo que jamás).
Pienso en todos los pisos de alquiler que ven juventudes arrebatadas y pasan, de un curso a otro, por estar habitados por personas totalmente distintas. Un transitar de vidas y amores y sueños y desórdenes y borracheras y fiestas y vestidos y pijamas de invierno. Una parcelita de tu vida "recuerdo cuando vivía en la calle..." y sin embargo una huella más dejada en la pared para un erosionado apartamento de 80 metros cuadrados con poca luz.
Y pensando absurdeces sin mucho sentido aparente, me han dado las 23:51. Y vuelvo a mis apuntes, a mi examen, a mi habitación, que no es un espacio narrativo sino un caos de apuntes, libros o ropa. Puede que algún día encuentre una de "esas" habitaciones, cuando empiece a vivir de alquiler, supongo. Mientras tanto, seguiré pensando todo esto y escuchando Nacho Vegas.
Y parece verano. Pero todavía mañana es 11 de junio, me acuerdo de que el 11 de junio era el cumpleaños de un niño de mi clase. No he vuelto a saber de su vida pero, misteriosamente, me acuerdo de su cumpleaños. Pero mañana, aparte de no ser verano, y de ser el cumpleaños de aquel que es niño todavía en mi memoria, tengo un examen. Un examen estupendo que debería estar estudiando en lugar de escribir estas tonterías insípidas.
Y me he puesto a pensar en Nacho Vegas, en Cortázar y en los espacios que habitamos.
En los lugares comunes de las habitaciones de la literatura, o de las canciones de Nacho Vegas que a veces son pura novela. Todo, claro está, de una forma inconexa y absurda, como esta entrada.
En esas habitaciones con cigarrillos mal apagados, libros abiertos y ropa de alguien que se desnudó por primera vez en esa habitación.
Filosofía de los pisos de alquiler. Pienso en Pablo, y en esa habitación de la Rue Lecourbe, XVIème arrondisement. Una habitación en la que él vivió un año y yo soñé tres días. Probablemente, esa habitación, que habrá sido testigo de sus amigos, de sus amores, y de sus estudios ahora estará siendo testigo de otra vida. Claro que en la habitación de Pablo nunca hubo colillas ni ceniceros mal apagados. Algo de desorden, y muy pocos libros. Un piso horrendo que yo recuerdo a la perfección, que él atesorará siempre en su memoria (puede que yo, si vivo mucho, mucho, mucho, lo olvide, él, creo que jamás).
Pienso en todos los pisos de alquiler que ven juventudes arrebatadas y pasan, de un curso a otro, por estar habitados por personas totalmente distintas. Un transitar de vidas y amores y sueños y desórdenes y borracheras y fiestas y vestidos y pijamas de invierno. Una parcelita de tu vida "recuerdo cuando vivía en la calle..." y sin embargo una huella más dejada en la pared para un erosionado apartamento de 80 metros cuadrados con poca luz.
Y pensando absurdeces sin mucho sentido aparente, me han dado las 23:51. Y vuelvo a mis apuntes, a mi examen, a mi habitación, que no es un espacio narrativo sino un caos de apuntes, libros o ropa. Puede que algún día encuentre una de "esas" habitaciones, cuando empiece a vivir de alquiler, supongo. Mientras tanto, seguiré pensando todo esto y escuchando Nacho Vegas.
Un espacio donde también yo soñé. Uno de esos espacios narrativos.
viernes, 8 de junio de 2012
Felicidades.
Como piedras que se tiran desde lo alto de una montaña. Así son mis escritos. Parece que alcanzarán algún blanco y sin embargo, aunque parecen tocar el infinito, su trayectoria llega a su fin unos pocos metros más allá de lo que abarca mi vista. Por eso los dejo caer aquí, en este perdido blog. Seguidores: 0. Mis palabras rebotan con el eco del solar internáutico que es esta nueva creación absurda.
Ayer fue tu cumpleaños. Tu cumpleaños. El cumpleaños, ¿de quién?. Esa es la pregunta central, la clave. De alguien que nunca fue nada y sin embargo lo fue todo. Ayer fue tu cumpleaños.
Y yo lo recordé casi a cada instante del día. Por la mañana, por la tarde, por la noche. Justo antes de que acabara. Debatiéndome entre felicitarte y aparentar normalidad o dejarlo pasar, como dejo todo pasar en esta vida, sin pena ni gloria. Obviamente, dejé con la laxitud que aparenta indolencia que pasaran las doce. Y una vez pasadas, Cenicienta no tiene ningún derecho a reclamar ser princesa. Ni yo a desearte lo que de verdad espero, que seas feliz.
Mi cobardía reinante de nuevo afloró.
Pero soñé contigo. Un sueño corrector de errores, un sueño ilusorio. Un sueño en el que, sin parar, intercambiábamos palabras, sueños. Soñábamos dentro de mi propio sueño, en el que construía tu discurso en mi imaginación de la fase R.E.M. Tus palabras, tus gestos, tus risas. Todo ficción, todo vapor.
Ayer fue tu cumpleaños y sin embargo hoy sigue siendo tu cumpleaños para mí. Todos los días renaces en mi mente.
En esa montaña, a kilómetros de tu casa, desde la que intento tirar piedras que lleguen a tu tejado.
Ayer fue tu cumpleaños. Tu cumpleaños. El cumpleaños, ¿de quién?. Esa es la pregunta central, la clave. De alguien que nunca fue nada y sin embargo lo fue todo. Ayer fue tu cumpleaños.
Y yo lo recordé casi a cada instante del día. Por la mañana, por la tarde, por la noche. Justo antes de que acabara. Debatiéndome entre felicitarte y aparentar normalidad o dejarlo pasar, como dejo todo pasar en esta vida, sin pena ni gloria. Obviamente, dejé con la laxitud que aparenta indolencia que pasaran las doce. Y una vez pasadas, Cenicienta no tiene ningún derecho a reclamar ser princesa. Ni yo a desearte lo que de verdad espero, que seas feliz.
Mi cobardía reinante de nuevo afloró.
Pero soñé contigo. Un sueño corrector de errores, un sueño ilusorio. Un sueño en el que, sin parar, intercambiábamos palabras, sueños. Soñábamos dentro de mi propio sueño, en el que construía tu discurso en mi imaginación de la fase R.E.M. Tus palabras, tus gestos, tus risas. Todo ficción, todo vapor.
Ayer fue tu cumpleaños y sin embargo hoy sigue siendo tu cumpleaños para mí. Todos los días renaces en mi mente.
En esa montaña, a kilómetros de tu casa, desde la que intento tirar piedras que lleguen a tu tejado.
miércoles, 6 de junio de 2012
Como las nubes
De ese color, creo, eran, y siguen siendo tus ojos. Tanto imaginé y tan poco supe de cerca que puede que en realidad tu mirada fuera color azabache. Ya ni siquiera sé si exististe de algún modo o fuiste sólo mero producto de la necesidad de soñar, de sentir y vivir.
Escuchar tus susurros en un tono de voz inventado.
Ponerle nombre a nuestra canción favorita.
Comprar un pez y que fuera de los dos.
Reír y que tú te rías por detrás en un eco quedo de carcajada ficticia.
Soñar tus dedos, tus manos.
Tu pelo. Acariciarlo y que de pronto ese remolino se convierta en aire.
Tocar el vacío de tu obligada ausencia.
Vacío como el aire. Como el cielo.
Como las nubes.
Como tus ojos (si es que son de ese color)
Escuchar tus susurros en un tono de voz inventado.
Ponerle nombre a nuestra canción favorita.
Comprar un pez y que fuera de los dos.
Reír y que tú te rías por detrás en un eco quedo de carcajada ficticia.
Soñar tus dedos, tus manos.
Tu pelo. Acariciarlo y que de pronto ese remolino se convierta en aire.
Tocar el vacío de tu obligada ausencia.
Vacío como el aire. Como el cielo.
Como las nubes.
Como tus ojos (si es que son de ese color)
lunes, 28 de mayo de 2012
Parafraseando
"Pero detrás de toda acción había una protesta, porque toda hacer significaba salir de para llegar a , o mover algo para que estuviera aquí y no allí, o entrar en esa casa en vez de no entrar o entrar en la de al lado, es decir que en todo acto había la admisión de una carencia, de algo no hecho todavía y que era posible hacer, la protesta tácita frente a la continua evidencia de la falta, de la merma, de la parvedad del presente. "
Cortázar y Rayuela. Rayuela y Cortázar.
No creo que nunca lo diga mejor.
Y sin embargo aquí estoy, comentando maravillas sin sacar ninguna conclusión que merezca la pena. Esperando que realmente "hacer" llegue a ser salir de para llegar a.
En cualquier caso, sí. Mis acciones son, y han sido casi siempre, la admisión de una carencia.
La protesta...la acción. Carentes pero omnipresentes.
Y de nuevo es tarde y mañana madrugo.
Y puede que algún día un blogger serbocroata lea esto sin enterarse de mis desdichas absurdas.
Mientras tanto sigo alimentando este prado en medio del desierto.
Mientras tanto sigo alimentando este prado en medio del desierto.
Hope something starts blossoming.
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