No creas que esto es algo nuevo.
Siempre tuve miedo.
Miedo, ¿a qué?- dirás-. Si nunca te atreviste a vivir.
Miedo a las malas notas. Miedo a las malas lenguas. Miedo a vivir con demasiada intensidad y que tu piel se cobre factura. Miedo a gritar alto por si acaso alguien te manda callar. Miedo a la mirada reprobadora de un profesor. Miedo a contradecir el camino que otro, y no tú, pensó un día para ti. El camino que “otro” pensó, sin tardar más de cinco minutos. Tu camino, esas piedras que te han colocado para ir a un lugar que no necesariamente te interesa.
Miedo a las malas notas. Miedo a las malas lenguas. Miedo a vivir con demasiada intensidad y que tu piel se cobre factura. Miedo a gritar alto por si acaso alguien te manda callar. Miedo a la mirada reprobadora de un profesor. Miedo a contradecir el camino que otro, y no tú, pensó un día para ti. El camino que “otro” pensó, sin tardar más de cinco minutos. Tu camino, esas piedras que te han colocado para ir a un lugar que no necesariamente te interesa.
Miedo a que las cosas vayan mal.
Y ese fue y es el problema. Que el miedo a que las cosas vayan mal, vayan peor, elimina cualquier remota posibilidad de que vayan mejor.
Miedo a que lean mis historias. A que lean la punta de mis
dedos, los resquicios de mi cerebro. A que lean entre los lunares de mi espalda
y entre mis mechones de pelo. Miedo a la
fragilidad, miedo al miedo. Y miedo absurdo, en todos los casos.
Miedo a una palabra más fuerte que otra, miedo a
contradecir.
Que se convierte en una manera de truncar, muy poco, de manera casi imperceptible, pero truncar, en definitiva, tus sueños.
Que se convierte en una manera de truncar, muy poco, de manera casi imperceptible, pero truncar, en definitiva, tus sueños.
Siempre soñaste París. Soñaste vivir, soñaste la vida.
Soñaste pasear por avenidas imaginadas, vivir un mayo del 68 particular, el más
romántico de los romances, la vida bohemia. Soñaste todos los tópicos del
mundo.
Y, en qué acaban los sueños. En Francia, no en París. En una
ciudad de provincias, sin romance, sin bohemia, con avenidas que previsoramente
has estudiado para no perderte. Donde vivirás una vida como la que vives, donde
dejarás las nebulosas y las fantasías para un documento de Word como este.
Sin atreverte a vivir más allá de la barrera.
Protegiéndome, ¿de qué?
No hay comentarios:
Publicar un comentario